Michel Foucault, en Vigilar y castigar (1975), utiliza el panóptico como metáfora para describir un sistema de poder basado en la vigilancia permanente. En el diseño de Jeremy Bentham, una torre central permite observar a todos sin ser visto; esa incertidumbre produce autodisciplina, internalización del control y un modo de subjetividad atravesado por la mirada del otro. El valor del panóptico, para Foucault, es político; aunque no seamos observados, nos sentimos así.
Esta dinámica estructural aparece reconfigurada en After the Hunt (2025), de Luca Guadagnino. La protagonista, Alma Imhoff (Julia Roberts), es una profesora de filosofía que ha logrado ascender en la jerarquía patriarcal de Yale. En sus clases explica el panóptico, sin advertir que su propia vida académica está marcada por esos mismos mecanismos: la vigilancia institucional, la mirada de sus estudiantes, el juicio moral de sus colegas y su permanente necesidad de sostener una imagen de éxito y rectitud a pesar de su evidente alcoholismo.
Los otros personajes centrales —Margaret (Ayo Edebiri), Hank (Andrew Garfield) y Frederik (Michael Stuhlbarg), esposo de Alma— conforman un entramado donde las relaciones de poder son tan inestables como decisivas. Margaret, estudiante afroamericana y protegida de Alma, introduce un vector racial que vuelve más compleja la dinámica de autoridad; Hank representa el privilegio masculino universitario; y Frederik expone la fragilidad afectiva que rodea a Alma fuera del ámbito académico.
El conflicto principal surge tras una fiesta en la casa de Alma; Margaret acusa a Hank de abuso. Desde la perspectiva subjetiva que propone Guadagnino (planos que alternan entre los puntos de vista de Alma y Margaret) no sabemos qué ocurrió realmente. Como espectadores quedamos atrapados en el mismo panóptico moral que regula a los personajes: observamos, sacamos conclusiones, sospechamos, pero carecemos de certezas. La película no busca establecer quién dice la verdad, sino mostrarnos el funcionamiento de la acusación, la mirada de un otro y la forma en que el poder circula.
En este sentido, todos los personajes participan de un mismo sistema disciplinario. Hank, aun más allá del hecho puntual, coquetea con sus alumnas desde una posición de autoridad que normaliza el abuso. Margaret reproduce un tipo de demanda de validación constante, propio de quienes necesitan ser vistos para sentirse legitimados, pero también aprovecha estructuras institucionales que la protegen o elevan. Alma exhibe una doble moral: sostiene un discurso feminista mientras protege a sus vínculos cuando su prestigio está en juego, y permanece en espacios donde la aman y adoran más de lo que ella ama a los demás.
Durante la fiesta inicial surge una discusión sobre las metas personales y qué hacer al alcanzarlas. Aquí parece insinuarse una lectura más amplia: ¿es el reconocimiento la verdadera meta para Margaret? ¿Hasta dónde puede llegar alguien por recibir admiración? ¿Y hasta dónde estamos dispuestos a condenar a otros para proteger nuestra propia imagen moral? Como describe Lewis Dartnell en el libro Ser humano, el castigo social opera como mecanismo evolutivo y puede incluso producir placer; vigilar y juzgar se vuelven parte de nuestra identidad colectiva.
La película introduce otras líneas narrativas como la pareja sin amor de Alma y Frederik, la enfermedad de Alma, su vínculo con un hombre mayor cuando era niña, que, si bien podrían expandir el universo del personaje, resultan en una acumulación de temas que la película no termina de articular. Estas subtramas parecen funcionar más como indicios dispersos que como partes orgánicas de una misma tesis. En lo personal, siento que esta decisión debilita el foco narrativo: lejos de reforzar la idea foucaultiana del panóptico, estas ramificaciones terminan desplazando la atención y restando profundidad al conflicto central.
El relato también evita cerrar los arcos de manera nítida: no sabemos qué ocurre finalmente con Hank, aunque un intento de agresión hacia Alma sugiere que la acusación de Margaret era verosímil. En el epílogo, Margaret (luego de acusar públicamente y perjudicar a Alma) se compromete con alguien que replica la posición de poder de Hank, mientras que Alma, aún relegada de su ascenso, conserva un capital simbólico vinculado a su condición de mujer blanca. Para mí, esta conclusión refleja de manera interesante cómo operan las jerarquías sociales, aunque la película no termina de integrar estas capas dentro de un marco conceptual cohesivo. En el panóptico social algunos castigos pesan más que otros, sí, pero el film parece sugerirlo solo lateralmente, sin construirlo con la claridad y contundencia que podría haber tenido.
After the Hunt no busca resolver un caso ni emitir un juicio moral definitivo. Su interés está en exponer cómo opera la vigilancia en las instituciones, en los vínculos y en nuestra identidad. Al traer el panóptico al centro de la narrativa, Guadagnino muestra que nadie es completamente inocente ni completamente culpable, porque todos habitan un sistema donde ser visto, ser juzgado y juzgar a otros se vuelve inevitable. La película incomoda porque nos obliga a ocupar simultáneamente el lugar del acusado, del acusador y del vigilante.
Al evitar una conclusión cerrada, Guadagnino nos deja dentro del mismo mecanismo que describe. El final, más que resolver, devuelve la pregunta al espectador:
¿Quién mira, quién es mirado y qué hacemos con esa mirada?



