Hongos, alteración de la conciencia y el sistema de salud
Common side effects, una serie alucinógena y critica de Adult Swim.
¿Qué pasaría si la humanidad tuviera acceso a una medicina ancestral tan poderosa que pudiera curar todos los males, incluso la muerte?
Ese es el punto de partida de Common Side Effects, la nueva serie de Adult Swim creada por Joseph Bennett y Steve Hely.
La historia se abre con una rueda de prensa de la farmacéutica Reutical. Su CEO, Rick Kruger (Mick Judge), intenta justificar los efectos adversos de sus nuevos medicamentos mientras celebra las ganancias récord de la empresa. En ese contexto aparece nuestro carismático e irreverente protagonista, Marshall Cuso (Dave King), que irrumpe con una planta en mano para denunciar los estragos que Reutical está causando en la naturaleza. ¿Una corporación destruyendo el mundo natural? Nada nuevo.
Entre los asistentes, Frances (Emily Pendergast), excompañera de secundaria de Marshall y asistente de Rick, lo reconoce: ahí comienza la verdadera historia.
En pocos minutos ya entendemos el tono y la intención de la serie. Common Side Effects se poblará de personajes arquetípicos pero bien delineados: científicos y ejecutivos del mundo farmacéutico, micólogos, herboristas, agentes federales y marginados que viven fuera del sistema.
Uno de los diálogos más potentes ocurre cuando Marshall y Frances se reencuentran en un café.
Marshall lanza la pregunta: “¿Y si las farmacéuticas son las que nos enferman?”
Mientras habla, la cámara muestra personas enfermas, solitarias, comprando remedios. Vivimos el momento de mayor inversión en salud de la historia, y sin embargo nadie parece realmente sano, ni los cuerpos, ni la sociedad. Enfermedad, enojo, tristeza, pobreza, desigualdad. ¿Es una falla del sistema o su objetivo?
Marshall cuenta que, tras una larga travesía por Perú, descubre un hongo llamado Ángel Azul.
Perseguido y al borde de la muerte, decide consumirlo… y así atravesamos El Portal: un mundo lisérgico y visualmente hipnótico que evoca los viajes con psilocibina, LSD o MDMA.
La animación es deslumbrante, colorida, detallada e inmersiva. Sentimos que viajamos con él. Marshall regresa de la muerte y comprende que su hallazgo podría cambiarlo todo, pero también ponerlo en peligro. El sonido tiene una función narrativa: en cada aparición de este mundo, la música abandona la estructura para volverse respiración, pulsación, frecuencia. Cada fragmento parece pintado con materia viva.
Desde ese momento lo acompañamos en su dilema: ¿qué hacer con el Ángel Azul?, ¿compartirlo con el mundo o protegerlo del sistema que intentará destruirlo?
La serie construye un debate moral sobre quién debería tener acceso a la medicina y cómo.
Critica de forma mordaz el capitalismo aplicado a la salud desde el humor y unos personajes muy bien diseñados. Prueba de ello es la aparición de los agentes Copano y Harrington, presentados al son de Jump in the Line, que aportan un tono casi paródico mientras investigan el caso.
Marshall es un liability, mientras que el sistema busca controlar y generar mayores ganancias, él solo quiere curar. La historia demostró que por cada descubrimiento que podría liberar a la humanidad, hay un poder que busca capitalizarlo, y si no puede, lo destruye.
Esa es la misión del repulsivo Jonas Backstein, financiero y miembro de la junta de Reutical, decidido a borrar cualquier rastro del hongo. Si el Ángel Azul se conociera, ¿a quién podrían seguir vendiendo medicinas defectuosas y tratamientos eternos?
El hongo es el símbolo más fuerte de la serie: crece sobre lo muerto, transforma la enfermedad y recicla lo que la sociedad desecha. Qué ser maravilloso. Marshall no solo revive sino que se “conecta” a todo lo que está vivo. En un mundo tan acelerado, donde todo lo que muere se reemplaza, Common Side Effects nos recuerda que la naturaleza es la respuesta, la vuelta a lo importante y lo que nos conecta realmente.
La serie dialoga directamente con la realidad en la que está sumergida. En un mundo donde las farmacéuticas concentran más poder económico que muchos estados, y donde la medicina natural es relegada a lo alternativo, la serie se siente casi documental.
La promesa de curar todo y vender la cura es una obsesión moderna: desde Silicon Valley y sus startups de longevidad hasta el negocio global de los suplementos, o el mandato constante de sentirnos y estar bien solo para poder producir más. Ni siquiera podemos enfermarnos sin sentirnos culpables de estar “faltando” o peor aún, fallando.
Common Side Effects plantea un debate urgente y una advertencia: somos consumidores y consumibles a la vez. Tal vez la respuesta no esté en avanzar tecnológicamente y seguir alargando la vida, sino en mirar hacia lo natural, lo sagrado, y en lugar de garantizar cantidad, asegurar calidad para una vida próspera, justa y más empática con los que nos rodean. Si los creadores de la serie, a través de Marshall Cuso, proponen que la solución sean los avances en el reino funghi, ¿por qué no intentar?


